lunes, agosto 07, 2006

Panticosa-Bujaruelo-Panticosa

Nos hemos dirigido una vez màs al Pirineo oscense, en esta ocasiòn hemos decidido realizar una travesìa. Iremos de Panticosa a Bujaruelo, dormiremos alli, haciendo vivac y al dia siguiente regresaremos a Panticosa (Balneario) por el GR11.


Sàbado 29 de julio del 2006.
Es sàbado, hemos madrugado y ya estamos en Panticosa, dispuestos ha iniciar la marcha. Como habìamos acordado de antemano hemos dejado un coche en la zona del balneario (8km màs arriba de Panticosa pueblo), para la vuelta. Pues la etapa de la GR11 termina en el Balneario y no creemos que despues de dos dias de pateo, nos queden muchas ganas de chuparnos 8 kilometros màs de asfalto, por muy cuesta abajo que sean.
Con pocas ganas nos colgamos las pesadas motxilas de dos dìas al hombro y comenzamos la caminata que nos llevarà hasta las campas de Bujaruelo. Hace un calor que mata, por lo cual el ritmo lo acusa. Hemos cogido el camino que remonta el barranco de Ripera, el cual nos llevarà hasta el Rincòn del Verde. El camino discurre con facilidad y con un desnivel apenas apreciable hasta este hermos circo . El calor hace estragos y no paramos de beber agua, algo fundamental, hidratarse. Como decìa el camino es evidente, y la soledad y el silencio que reina en el lugar solo se rompe por algùn salto de agua del rìo o por los chillidos de las marmotas. A las cuales todavìa no hemos podido contemplar. Se va acercando la hora de comer, estamos justo al principio de comenzar la subida al collado de la Tendeñera. A decir verdad, el único gran desnivel del día. Decidimos comenzar a subirlo y a media subida detenernos y hacer un impas, para dar cuenta del menú. Asi descansaremos un pocquillo, aunque como contrapartida deberemos de continuar a subiendo con el estomago lleno. La verdad que quitarse la motxila de la espalda es un gran alivio.
Ha llegado la hora de la partida, recogemos el txiringuito y "parriba" con la casa a cuestas. Nos queda alrededor de una hora de subida, donde aparte de saludar, ahora si, a varias marmotas, casi he tenido la desgracia de ver al hombre del mazo. Pero ya estamos en el collado. Queda la segunda parte del dia, un descenso vertiginoso hasta las praderas de Bujaruelo, donde montaremos el vivac, para pasar la noche.
Tenemos por delante un 1000 metros de desnivel en descenso, por el valle de Otal. En ello andabamos, cuando nos cruzamos con una de las pocas personas que hemos visto. Se trata de un pastor, un hombre de edad avanzada preguntandonos si hemos visto sus vacas. Pues ha tenido suerte, si que las hemos visto, pero la cuesta que tiene que subir es bastante maja. Supongo que ya estará acostumbrado, despues de departir con el varios minutos, continuamos cada uno con su labor. Nos ha indicado el camino más rápido de descenso hasta Otal, pero perderemos el rastro del camino y no nos quedará otra opcion que lanzarnos pendiente abajo por una loma herbosa, sin mas peligro que su impresionante desnivel y alguna que otra madriguera. Despues de varias puestas de culo en el suelo por parte de algun expediccionario, ya estamos en el valle de Otal. Sòlo nos queda atravesarlo y apareceràn ante nuestros ojos las campas de nuestro hotel por una noche. Un hotel de mil estrellas, en la misma orilla del rìo Ara, rodeado de altos bojs y altas cumbres. Con el aroma inconfundible de la hierba fresca y el sonar del rìo que nos irà adormeciendo poco a poco, mientras descansamos y reponemos fuerzas para la jornada venidera.